¿Cómo elegir la silla de ruedas adecuada?

En algunos casos después de sufrir un daño neurológico, nuestra movilidad puede verse afectada y debemos recurrir a una silla de ruedas para poder desplazarnos de la manera más independiente posible. En esta entrada hablaremos sobre la importancia de elegir una silla de ruedas que se ajuste a nuestra condición de salud y a nuestras necesidades.

El profesional que se encarga de los productos de apoyo es el terapeuta ocupacional, él o ella es quién debe valorar no sólo las necesidades de la persona, sino que también debe tener en cuenta su entorno, su contexto y sus rutinas.

La silla de ruedas debe adaptarse a nosotros y reunir una serie de características que nos permitan tener una adecuada sedestación y una postura lo más correcta posible. Es necesario que la silla esté ajustada a nuestra talla, peso y altura pero también debemos hacer un buen uso de la misma para evitar lesiones derivadas de una mala sedestación. A continuación se exponen una serie de características que nos permitirán seleccionar la silla más adecuada a nuestras necesidades:

  • Quién la va a propulsar (si nosotros mismos o una tercera persona), ya que se trata de un aspecto muy importante, que nos hará elegir entre una silla autopropulsable o geriátrica, con un chasis ligero o rígido, etc.
  • El entorno en el que se use la silla, que determinará el tipo de neumático a utilizar. Así, las ruedas duras son más cómodas en un terreno liso (no hay que hincharlas), pero amortiguan menos si el terreno es irregular. En cambio, las ruedas de aire hacen que la persona usa la silla note menos las irregularidades del terreno, sin embargo ocasionan un esfuerzo mayor para propulsarla.
  • El uso o no de un cojín antiescaras, especialmente indicado cuando la persona que utiliza la silla va a estar sentada durante gran parte del día. En estos casos, además es fundamental realizar descargas de peso voluntarias cada poco tiempo para evitar úlceras por presión.
  • El respaldo de la silla variará según la persona y la lesión. La altura dependerá de nuestro control de tronco, a mayor control menor respaldo y viceversa. El tipo de respaldo puede influir en nuestros alcances y en el control del entorno.
  • La posición de nuestra espalda es vital, el asiento de la silla debe mantener nuestra pelvis en posición neutra, de forma que debe formar un ángulo de 90 grados con respecto a las piernas siempre que sea posible.
  • Entre el bode de la silla y el hueco poplíteo (la parte de atrás de la rodilla) debe haber al menos 4 dedos de separación, esto ayudará a la circulación sanguínea y evitará que nos hinchen las piernas, nuestras rodillas deben estar también a 90 grados. Por último, nuestros pies deben ir bien colocados y siempre apoyados sobre los reposapiés.

El catálogo de sillas suele ser muy extenso y siempre habrá varias opciones, existen más características que las citadas en esta entrada. A grandes rasgos, con lo mencionado anteriormente, podemos hacernos una idea de que aspectos debemos tener en cuenta, pero en cada caso concreto será el terapeuta ocupacional especializado en neurología el que puede asesorarnos mejor teniendo en cuenta no sólo las características propias de la persona y la enfermedad, sino también sobre las medidas adecuadas en cada caso, las circunstancias propias del entorno familiar y del ambiente y las necesidades y objetivos de la persona en el día a día.

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