Cuando una persona ha sufrido un ictus u otra lesión neurológica, acciones que se realizan de manera habitual, como pasar de la silla de ruedas a la cama, pueden convertirse en un reto o momento de tensión por el miedo a hacer daño o provocar una caída .
Por ello, en esta nueva entrada del blog queremos daros unas pautas básicas para un correcto posicionamiento y transferencia buscando con ello aumentar la seguridad de la actividad y favorecer que la persona participe activamente en sus actividades básicas de vida diaria.
En primer lugar, no podemos pasar por alto que cada caso es diferente y por ello no todas las personas van a necesitar el mismo tipo de asistencia.
Aspectos como puede ser un buen control de tronco, la capacidad de mantenerse sentado de manera estable, ponerse de pie sin o con mínima asistencia, mantener el peso corporal, asistirse correctamente con los brazos o bien ser capaz de mantener la atención en las pautas y seguir instrucciones va a determinar el que la transferencia independiente o con mínima asistencia sea o no posible.
Por ello, especialmente en patologías agudas como puede ser un ictus, es recomendable que un terapeuta especializado en neurorrehabilitación valore y de pautas a cada familia para poder emplear la estrategia más segura para cada caso.
Primer paso: adecuar el entorno
Debemos tener en cuenta que la transferencia no se basa únicamente en mover a nuestro familiar, si no que previamente debemos adaptar el entorno a las necesidades del usuario.
Para ayudar en la transferencia de silla de ruedas a cama u otra ubicación, colocaremos la silla de ruedas lo más cerca posible de la superficie de destino, evitando obstáculos, alfombras u objetos que puedan provocar un tropiezo. La silla debe estar completamente frenada y, cuando sea posible, retiraremos o apartaremos los reposabrazos, reposapiés y otros elementos que dificulten el movimiento. Si vamos a realizar una transferencia hacia una cama, en el caso de que sea articulada, esta debería encontrarse a una altura adecuada y estable.
Segundo paso: pautas verbales
Una vez tenemos la posición de partida es fundamental explicar a la persona lo que vamos a llevar a cabo. Para ello recomendamos decirles que vamos a cambiarnos de la silla a otro lugar y que para ello debe seguir nuestras indicaciones.
A continuación, le daremos instrucciones sencillas y de manera secuenciada como “siéntate al borde de la silla”, “apoya los pies”, “inclínate hacia delante” o “ahora nos ponemos de pie”. Esto facilita que el usuario participe todo lo posible y evita movimientos inesperados.
Tercer paso: posicionamiento en la silla de ruedas
Una buena posición de partida facilita tanto la movilidad funcional del usuario cómo que las transferencias puedan llevarse a cabo de manera segura y eficaz.
La posición concreta dependerá de las características de cada persona y de la silla; por eso, un fisioterapeuta o terapeuta ocupacional puede ayudar a determinar cuál es el posicionamiento más adecuado.
En términos generales, los pies deben estar correctamente apoyados en el suelo y lo más atrás posible sin despegar los talones, la pelvis adelantada y el tronco erguido para ayudar todo ello a llevar el peso corporal hacia arriba y hacia delante.
En personas con hemiparesia, alguna pauta adicional puede ser que, no debemos tirar del brazo afecto para levantar o desplazar al paciente. El hombro puede presentar debilidad y/o dolor. Tampoco debemos asistir únicamente por el lado no afecto ya que esto implicaría que el otro lado no participase de manera activa en la transferencia. En base al caso, recomendaremos de qué lado es conveniente dar nuestra asistencia o si es mejor hacerlo a nivel anterior desde zona axilar, por ejemplo.
Si la persona puede ponerse de pie con ayuda, una posible secuencia puede ser:
- Colocamos la silla de ruedas cerca de la cama o silla de destino y, de ser posible, frenamos y colocamos a la misma altura ambas superficies.
- Situamos los pies de la persona apoyados en el suelo y ligeramente separados.
- Pedimos que se incline hacia delante, llevando el peso del cuerpo sobre los pies.
- Ayudamos a incorporarse desde una posición estable (como puede ser un apoyo axilar), sin levantarla tirando de los brazos y haciendo una fuerza que desplace su tronco hacia delante y arriba.
- Una vez de pie, realizamos pequeños pasos o un giro controlado hacia la superficie de destino.
- Cuando la parte posterior de las piernas contacte con la cama o silla, indicamos que se siente lentamente.
¡La clave no es levantar a la persona a pulso, sino facilitar que utilice al máximo sus propias capacidades!
¿Y si no es capaz de ponerse de pie ni con mi asistencia?
Debemos tener en cuenta que no es seguro intentar en el entorno domiciliario una transferencia a bipedestación si el usuario no tiene las capacidades funcionales necesarias para ello, como puede ser, por ejemplo, suficiente fuerza, control de tronco o capacidad para mantener la posición. En estos casos pueden ser necesarias otras estrategias o productos de apoyo, como una tabla de transferencia, una grúa u otros sistemas específicos que recomendaremos en base a cada paciente.
En resumidas cuentas, una transferencia insegura puede provocar un aumento del riesgo de caída tanto del paciente como del cuidador. Si la persona necesita mucha asistencia, presenta inestabilidad importante, no comprende las instrucciones o su capacidad ha cambiado recientemente, lo más adecuado es consultar con el equipo de neurorrehabilitación para dar pautas y poder entrenar la técnica más apropiada.
Última recomendación: favorecer la autonomía del usuario
Después de un ictus, la familia desempeña un papel fundamental, pero debemos intentar encontrar el equilibrio entre ayudar y permitir que la persona haga por sí misma aquello que puede hacer con o sin ayuda. La neurorrehabilitación busca precisamente recuperar la mayor funcionalidad y autonomía posible y trasladar lo aprendido del tratamiento a las actividades básicas de la vida diaria.
En conclusión, desde Neuraxis recomendamos que los familiares reciban formación práctica individualizada.
Una buena transferencia no consiste únicamente en mover a una persona de un lugar a otro: consiste en hacerlo de forma segura, protegiendo al paciente y al cuidador y favoreciendo, siempre que sea posible, la máxima participación y autonomía de la persona.
