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TERAPIA ASISTIDA
CON PERROS

TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES (TAA)

La terapia asistida con animales (TAA) ha demostrado en múltiples investigaciones científicas ser beneficiosa en aspectos tan diversos como ayudar a controlar la tensión arterial, reducir el dolor o mejorar el rendimiento cognitivo.

Se trata de una terapia que complementa al tratamiento neurorrehabilitador que se realiza normalmente.

Como en todas las intervenciones terapéuticas, es necesaria una valoración previa por parte de un profesional con experiencia y formación, para que pueda ser útil para el niño o el adulto que va a trabajar con TAA.

En dicha valoración se establecerán objetivos específicos y se estructurará la terapia con el perro, de forma que complemente y enriquezca de forma adecuada a las sesiones en cualquiera de las áreas (fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional o neuropsicología).

Aunque pueda parecer obvio, no es lo mismo un perro de terapia que un perro de compañía.

El perro de terapia, además de tener unas características de carácter y comportamiento determinadas, debe estar adiestrado de forma que pueda captar órdenes complejas por parte de su adiestrador; así, se podrán plantear actividades terapéuticas durante las sesiones en relación a las capacidades y dificultades de cada persona (niño o adulto).

EN RELACIÓN A LOS OBJETIVOS QUE TRABAJAMOS CON FRECUENCIA CON NUESTROS PACIENTES, PODEMOS PLANTEAR METAS EN RELACIÓN A DISTINTAS ESFERAS, DE FORMA QUE LA TERAPIA ASISTIDA CON PERROS ESTÉ ORIENTADA A:

Aumentar la participación y mejorar la función motora, de forma que el movimiento pueda realizarse de forma más relajada o integrando más los segmentos corporales con limitaciones. Algunas investigaciones documentan incluso mejoras en el ritmo respiratorio, de forma que podría incluso ayudar a mejorar el nivel de ansiedad.

Mejorar procesos de aprendizaje, puesto que el trabajo con animales aumenta los niveles de motivación y favorece, entre otros, el uso del lenguaje en niños con TEA (Trastornos del Espectro Autista) o el uso de un movimiento que resulta muy costoso a nivel energético para un niño con parálisis cerebral o para un adulto que ha sufrido un ictus.

Mejorar procesos en relación a las habilidades sociales y emocionales, disminuyendo la ansiedad y los niveles de tristeza y aumentando la capacidad para relacionarse con otras personas.