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TDAH en adultos: «¿cómo es posible que nadie me lo dijese antes?»

Por suerte, nuestra sociedad está cada vez más concienciada de los problemas o trastornos que pueden generar una dificultad para el “normal” desarrollo de la vida de una persona. 

Tanto en adultos como en niños, si aparecen conductas que le suponen un sufrimiento o que le limitan de alguna forma, la tendencia mayoritaria actual es escuchar qué es lo que le ocurre y buscar recursos. Por ejemplo, si vemos a alguien que duerme poco y está en un constante estado de angustia, lo asociamos a ansiedad e intentamos hablar con esa persona y le recomendamos acudir a terapia. En el caso de los niños, cuando en el aula se detectan problemas en una materia concreta, falta de concentración o dificultades para relacionarse con sus iguales, se lleva a cabo una valoración del equipo de orientación. 

No obstante, hasta hace poco esto no era así; y, sobre todo en población infantil, se tendía a minimizar los problemas o achacarles intencionalidad (“no lo hace porque no quiere”). Es por ello que habitualmente en la práctica clínica el TDAH en adultos está infradiagnosticado y, por tanto, incorrectamente tratado. En esta entrada de blog, queremos dar a conocer cómo es el TDAH más allá de la adolescencia y cómo se interviene en esos casos.

DIFERENCIAS ENTRE EL TDAH ADULTO Y EL INFANTIL

El TDAH suele diagnosticarse en torno a los 7 años de edad. Actualmente, 5-11% de niños recibe ese diagnóstico. De dicho porcentaje, dos tercios continuarán padeciendo síntomas en la vida adulta, lo cual supone entre un 3-5% de esta población. A lo largo de la vida, los síntomas del TDAH van cambiando, puesto que las exigencias y circunstancias a las que nos vamos sometiendo cambian. Por ello, los problemas principales también van evolucionando.

En niños, los síntomas clásicos giran en torno a 3 ejes: hiperactividad, inatención e impulsividad. En adultos suelen disminuir los síntomas de hiperactividad pero persiste la impulsividad, el déficit de atención y la baja tolerancia a la frustración. Algunos de los síntomas característicos son:

  • Baja estabilidad laboral y familiar.
  • Dificultad para estar sentado, excesivo movimiento de miembros, hablar excesivamente, perder objetos…
  • Problemas para priorizar, estructurar su tiempo, planificar tareas, no completar tareas.
  • Dificultad para controlar el temperamento y la inestabilidad emocional. 
  • Comorbilidad con otros trastornos: trastorno de la personalidad, bipolar u obsesivo-compulsivo, ansiedad y depresión. 
  • Conductas de riesgo: abuso de sustancias, accidentes de circulación o conductas delictivas.

INTERVENCIÓN

En el caso del diagnóstico en la vida adulta, la intervención se basa principalmente en 2 principios:

  • Psicoeducación sobre el trastorno. Aprender y conocer mejor qué significa este nuevo diagnóstico y qué implica. Esto permite al paciente y sus familiares comprender mejor la conducta de la persona y cómo cambiar para mejorar, así como poder anticipar problemas futuros. Además, el tener un mejor entendimiento de la patología reduce el nivel de ansiedad y mejora la autoestima del paciente.
  • Técnicas cognitivo-conductuales. Analizar, identificar y cambiar situaciones o hábitos que generan problemas y establecer una alternativa encaminada a crear entornos más estructurados, que permitan a la persona conseguir resultados más acordes con sus potencialidades. Algunos ejemplos de aspectos a trabajar son: entrenamiento en habilidades, técnicas de organización del tiempo, manejo del dinero, archivo de documentos importantes, orientación laboral, organización del trabajo doméstico, etc.

Ambas técnicas se apoyan y retroalimentan mutuamente, ya que el tener mayor conocimiento sobre el trastorno, permite analizar con mayor claridad qué cosas de nuestra vida cotidiana podríamos cambiar, y de qué forma hacerlo para que sea efectivo. Todo este proceso está guiado por un profesional formado tanto en TDAH como en psicología clínica, quien acompaña y orienta en el aprendizaje y el cambio conductual.

El TDAH también puede ser diagnosticado en adultos, cuando se ha comprobado que los problemas de atención se producen desde la infancia, suponen una deterioro de la calidad de vida de la persona (esfera laboral, social y personal) y no se explica mejor por otro diagnóstico psicológico o médico.

A DIFERENCIA DEL TDAH INFANTIL, EN ADULTOS TIENDE A DISMINUIR LA HIPERACTIVIDAD Y LA IMPULSIVIDAD, MANTENIÉNDOSE LA INATENCIÓN A LO LARGO DE LA VIDA, CON LA CONSIGUIENTE DIFICULTAD PARA EL DIAGNÓSTICO. ESTE DÉFICIT SUPONE UN DETERIORO DE LA ESFERA LABORAL, SOCIAL Y PERSONAL, POR LO QUE SU IDENTIFICACIÓN Y TRATAMIENTO SIGUE SIENDO IMPORTANTE TAMBIÉN EN ESTA ETAPA VITAL. EL TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICA CONSISTE EN PSUCOEDUCACIÓN SOBER EL TRASTORNO Y ESTRATEGIAS CONDUCTUALES PARA APRENDER HÁBITOS MÁS ADAPTATIVOS.