Reserva cognitiva y Alzheimer

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¿Por qué el Alzheimer se manifiesta en cada persona de forma diferente?

Aunque depende de muchos factores, las pautas relacionadas con nuestro estilo de vida  tienen mucho que ver con la gran variabilidad en la expresión de la sintomatología que caracteriza a este tipo de demencia

Es obvio que el mismo tipo de lesión o enfermedad neurológica causa, a groso modo, una sintomatología característica, que define a dicha afectación. Por ejemplo: un ictus en el territorio de la arteria cerebral media izquierda suele cursar con afectación del lenguaje y pérdida de sensibilidad y control motor del hemicuerpo derecho. Que las consecuencias de estas lesiones sean más o menos graves dependen, en primer lugar, de las características de la lesión (tipo, tamaño, localización y evolución en el periodo agudo). Otra parte que marca cómo se va a expresar las secuelas, así como el pronóstico de la recuperación, son factores asociados al estilo de vida de la persona.

¿QUÉ HACE QUE ALGUNAS PERSONAS NO TENGAN DETERIORO FUNCIONAL A PESAR DE TENER DETERIORO CEREBRAL?

Concretamente, en la enfermedad de Alzheimer se ha estudiado en profundidad por qué se producen tantas diferencias en la aparición de los síntomas y la velocidad de evolución. Distintos estudios han confirmado que tener patología cerebral, o la cantidad de la misma, no es totalmente equiparable a tener deterioro cognitivo.   Es decir, que no existe una relación totalmente proporcional entre los síntomas que se manifiestan y la cantidad de afectación a nivel cerebral.

Para dar explicación a esta disyuntiva nace de lo que se denominó ‘reserva cognitiva’ (RC), y hace referencia a la plasticidad cerebral que permite compensar el daño a nivel estructural, y que se potencia a partir de una serie de factores vitales:

  • Nivel educativo. Más años de educación están asociados con un nivel alto de funcionamiento cognitivo y con mejor salud cerebrovascular.
  • Ocupación laboral. La complejidad del trabajo desempeñado durante la mayor parte de la vida supone un factor de protección, puesto que ciertos roles laborales suponen una alta demanda cognitiva.
  • Actividad física. El ejercicio aeróbico protege el cerebro gracias a que reduce la probabilidad de sufrir patologías vasculares, mejora la oxigenación y regula el estrés oxidativo e inflamaciones, las cuales están relacionadas con la patología de Alzheimer.
  • Actividades de ocio. Tanto a nivel social como intelectual, los hobbies cognitivamente estimulantes reducen un 30% el riesgo de desarrollar demencia.
  • Alimentación. El tipo de dieta que consumimos incide en el riesgo vascular y el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas o neurodegenerativas. La dieta mediterránea ha demostrado ser la más eficaz disminuyendo dichos factores de riesgo; y ejerce un efecto antioxidante y antiinflamatorio.

Todas estas variables contribuyen a que nuestro cerebro, ante un deterioro, ponga en marcha mecanismos de plasticidad que compensan un daño, haciendo que este no afecte a nuestro funcionamiento en el día a día.

Así, personas con una alta RC tardan más en manifestar el deterioro cognitivo, porque sus cerebros tienen mayor capacidad de mantener el funcionamiento; mientras que una persona con menor reserva mostrará síntomas mucho antes.

IMPLICACIONES DE LA RESERVA COGNITIVA EN REHABILITACIÓN

En el proceso rehabilitador la RC marcará el tipo de evolución d el paciente, así como los aspectos sobre los que se debe incidir durante el tratamiento.

EN LA EVOLUCIÓN:

Este factor de protección contra el deterioro cognitivo influye en el momento de aparición de los síntomas y en la velocidad en la que estos se expresan.

Un alto nivel de reserva cognitiva permite mantener una buena calidad de vida e independencia durante más tiempo. El deterioro aparece más tarde, pero una vez que este se ha iniciado, su evolución es más rápida y agresiva. Es por ello que en personas con un alto nivel educativo y cultural es importante prestar atención a los primeros síntomas de alerta que indiquen pérdida de funciones cognitivas (atención, memoria, lenguaje, planificación u organización, reconocimiento de objetos).

En aquellos individuos con un nivel educativo y cultural bajo, el deterioro comienza a mostrarse más temprano, ya que la persona cuenta con menos recursos cognitivos que compensen el daño cerebral. Su evolución suele ser más lineal y prolongada que en el caso anterior.

 

EN EL TRATAMIENTO:

Con respecto al tratamiento, los objetivos deben estar en línea con el nivel de RC, ya que el tipo de actividades que se trabajan y las recomendaciones para el hogar serán diferentes en función del nivel de reserva. En todos los casos, es una parte importante fomentar un estilo de vida saludable, ya que el efecto protector de dichos factores sigue surtiendo efecto a cualquier edad y a pesar de que ya haya comenzado un proceso neurodegenerativo.

Para aquellas personas con un alto nivel educativo, que ya tienen incluido en su estilo de vida la actividad física, social y de ocio, la rehabilitación neuropsicológica se centrará mayormente en aportar estrategias que le permitan compensar la aparición de los déficits, utilizando ayudas externas eficazmente y/o empleando las funciones que tiene conservadas.

Por otro lado, si el paciente tiene un bajo nivel de estudios, no participa en actividades estimulantes, ni realiza ejercicio físico frecuente, uno de los objetivos de la intervención será instaurar o incorporar a la rutina alguna de estas actividades, a lo cual pueden contribuir diferentes profesionales, como fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y neuropsicólogos. Específicamente, en rehabilitación neuropsicológica los esfuerzos irán encaminados inicialmente a potenciar el funcionamiento de las áreas cognitivas, las cuales, parten de un nivel de bajo. Posteriormente, se busca trasladar esa mejora en el rendimiento a las actividades cotidianas. Este tipo de entrenamiento contribuye a frenar la evolución del deterioro y compensar el bajo nivel de RC inicial.

La reserva cognitiva es una parte que influye en la expresión del deterioro cognitivo, y puede ser trabajado a cualquier edad. Es por ello que, en caso de notar los primeros signos de cambio cognitivo en edades adultas, se debe consultar con un neuropsicólogo que valore las variables principales en cada caso particular y realice una valoración del estado de las funciones cognitivas, constatando también la evolución de las mismas.

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