¿POR QUÉ MI HIJO/A CAMINA EN PUNTILLAS?

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¿POR QUÉ MI HIJO/A CAMINA EN PUNTILLAS?

Una de las alteraciones que nos encontramos durante los primeros años de vida es la llamada marcha en puntillas, que se define como la ausencia o incapacidad para realizar el contacto de talón durante el contacto inicial del pie con el suelo y las fases de apoyo del ciclo de la marcha.

Este patrón tan característico puede aparecer asociado a otro diagnóstico, como puede ser en el caso de:

  • Una alteración neurológica (parálisis cerebral).
  • Una alteración neuromuscular (distrofia muscular) .
  • Alteraciones ortopédicas (pie equino congénito).
  • Trastornos del espectro autista.
  • Alteraciones del desarrollo.
  • Trastornos del habla o del lenguaje.

Cuando no es así y la marcha en puntillas aparece de forma aislada, se le denomina marcha idiopática en puntillas. La prevalencia varía entre el 5% y 12% de los niños y comúnmente afecta más a los niños que a las niñas. Se considera como una variante normal en el desarrollo motor de los niños, pudiendo estar presente en algunos casos hasta los siete años.

Una de las características principales de este tipo de marcha es que el peque tiene la posibilidad de cambiar su patrón de pisada de forma voluntaria.

Otro de los casos más frecuentes donde aparece este tipo de marcha es en niños que presentan parálisis cerebral espástica bilateral, ya que diferentes alteraciones en el miembro inferior impedirán el contacto del talón con el suelo.

Otro de los cuadros que presenta esta sintomatología son las distrofias musculares, como puede ser el Duchenne, que provoca debilidad progresiva y pérdida de masa muscular. Una de las características principales es la dificultad para ponerse de pie cuando están en el  suelo, teniendo que impulsarse con los brazos para incorporarse.

Como ya hemos dicho anteriormente, la marcha en puntillas puede ser una transición en el desarrollo de los niños, pudiendo desaparecer conforme ésta se vaya volviendo más madura y estable. Sin embargo, la aparición de la misma puede afectar a la evolución, por lo que la valoración por parte de un profesional especializado resulta imprescindible para acompañar al desarrollo y poder descartar la presencia de otras alteraciones asociadas.

¿CÓMO PODEMOS AYUDAR A ESTOS PEQUES DESDE FISIOTERAPIA?

En primer lugar es necesario realizar una valoración exhaustiva e individualizada para conocer cuáles son las principales dificultades que presenta en su día a día. A partir de ahí se plantean una serie de objetivos terapéuticos que van a depender del tipo de patología que presente. Cuando el niño tiene dificultades que le condicionan sus actividades de la vida diaria, tales como,  correr, saltar, coger o desplazar objetos del suelo…vamos a trabajar en el centro, en un entorno controlado, sobre todos estos factores en los que el niño encuentra dificultades para así poder trasladarlos a su actividad diaria.

Algunas de las actividades que se platean durante la sesión son:

  • Con un circuito de obstáculos. (similar a lo que se puede encontrar de camino al cole).
  • Juegos con pelotas para trabajar la coordinación. (situación que se da en el patio).
  • Actividades que requieren subir a ciertos objetos (taburete, escalera…)

La bipedestación y la marcha son procesos muy complejos, y es por ello que nuestros peques tardan tanto tiempo en adquirir autonomía durante las mismas. De hecho, no es hasta aproximadamente los 6 años cuando la gran mayoría de los niños logra caminar, salvar obstáculos e incluso correr de forma controlada. Durante el desarrollo de esta pueden aparecer múltiples alteraciones que enlentezcan la autonomía a la hora de realizarla.