Cuando pensamos en el movimiento, solemos relacionarlo con la capacidad que tienen los músculos, las articulaciones y otras estructuras para generar la fuerza y estrategias necesarias para producir el mismo. A pesar de ello, en Neuraxis vemos a diario que moverse de manera eficiente no depende solo de nuestro componente motor, sino que es fundamental la función de los procesos cognitivos. Hay usuarios que tienen la fuerza y control del movimiento suficientes, una buena movilidad articular y estrategias de equilibrio y enderezamiento y, aun así, no son capaces (o les cuesta mucho esfuerzo) caminar por casa con seguridad, levantarse de la cama o de una silla, vestirse o realizar otras actividades básicas de la vida diaria.
Entonces, ¿por qué pasa esto? En muchos de estos casos el origen de la limitación no es motor, sino cognitivo.
Entre las limitaciones cognitivas más frecuentes e importantes se encuentra: la atención, la memoria y la planificación motora o praxis. Cuando alguna de ellas falla, el movimiento se ve afectado, aunque los músculos y resto de estructuras corporales actúen correctamente, conllevando a un mal desempeño de nuestro movimiento funcional (aquel que utilizamos para desarrollarnos en nuestra vida diaria).
El primer paso para poder movernos: la atención
Para poder movernos de forma eficaz necesitamos atender, por un lado, a lo que hacemos y, por otro lado, a lo que ocurre a nuestro alrededor. La atención nos permite mantenernos enfocados el tiempo necesario para completar una acción y seleccionar la información relevante (que acción estoy realizando, el objetivo que quiero recoger, el escalón que tengo delante, la persona que se acerca) durante la realización de la acción.
Ante la presencia de una patología cerebral, la atención puede verse alterada y esto traducirse en un movimiento menos seguro, conllevando a un aumento del riesgo de caída entre otras situaciones. A continuación se muestran algunos ejemplos:
- La persona está de pie, se distrae con algún elemento externo como una llamada telefónica, provocando una desestabilización o incluso una posible caída.
- El usuario va a levantarse de una silla, no atiende a la posición de sus piernas y vuelve al punto de origen el lugar de conseguir ponerse en pie.
- El paciente va caminando, aparece un obstáculo del que no se da cuenta, tropezando o cayéndose.
- La persona está realizando una tarea como puede ser pelar una manzana, se despista con otro elemento externo como que empieza a llover, pierde el foco atencional y deja la manzana a medias.
Las situaciones comentadas no se deben a falta de ganas ni de esfuerzo, se deben a la dificultad que tiene el cerebro para sostener la atención necesaria que permite guiar el movimiento.
Aprender y automatizar: la memoria
Por otro lado, sabemos que la memoria también tiene una función fundamental en el movimiento. La memoria nos permite aprender a cómo realizar nuevos movimientos y llegar a automatizar los mismos cuando los repetimos de forma continuada (es decir, que los hagamos sin tener que pensar en ello). Subir las escaleras, abrocharse los botones o abrir una botella son acciones que aprendemos un día y luego automatizamos gracias a la memoria.
Cuando una persona tiene una alteración en la memoria es posible que presente dificultades para acordarse de cómo realizar una actividad ya conocida o bien aprender nuevas tareas. Las dificultades comentadas se producen porque el cerebro puede tener dificultades para consolidar la información motora y/o recuperarla, pudiendo dar lugar a la frustración tanto en el usuario como en sus seres queridos, ya que les resulta difícil de comprender cómo algo que antes podía hacer de manera autónoma ahora necesita ayuda.
Procesamiento de la información necesaria para elaborar el plan motor: planificación motora
Previamente a realizar un movimiento voluntario, nuestro cerebro planifica y programa las secuencias necesarias para llevar a cabo la ejecución motora o acción que queremos desempeñar. Es decir, decide qué pasos ha de seguir, en qué orden y con qué intensidad en función del objetivo que se quiere conseguir (ejemplo: levantarse de cama), al mismo tiempo que tiene en cuenta la información perceptiva acerca del espacio externo (información auditiva, visual) así como también sobre nuestro propio cuerpo (información sobre la posición de nuestro cuerpo).
La planificación motora nos permite levantarnos de la cama, sentarnos, vestirnos, ir al baño o peinarnos sin tener que pensar en cada paso de forma consciente.
Cuando una persona presenta alteración en la planificación mencionada pueden llevarse a cabo movimientos más lentos, con errores o poco eficaces. En este caso, la persona puede saber qué quiere hacer pero no cómo tiene que hacerlo, necesitar más tiempo, dudar antes de iniciar la actividad o cometer errores en la secuencia (como por ejemplo querer ponerse el pantalón antes que la ropa interior). Una vez más, no estamos hablando de un problema motor, sino de un problema a nivel de procesamiento cognitivo.
Movimiento funcional: mucho más que componente motor
Atención, memoria y planificación se integran constantemente para permitirnos movernos con sentido y seguridad. Por eso, en neurorrehabilitación no trabajamos solo el cuerpo (Fisioterapia y Terapia Ocupacional), sino también las funciones cognitivas (Neuropsicología) que lo dirigen. Caminar, vestirse o cocinar son actividades complejas que requieren pensar, decidir, recordar y adaptarse.
En Neuraxis abordamos el movimiento desde una mirada global, teniendo en cuenta a la persona y su contexto. Explicar a las familias que “no todo es motor” es fundamental para comprender los cambios que aparecen tras un daño neurológico y para ajustar expectativas y apoyos.
Entender que el problema puede ser cognitivo ayuda a reducir la frustración, la impaciencia y el enfado. El acompañamiento, la repetición guiada y las estrategias adecuadas marcan la diferencia. Porque moverse no es solo mover el cuerpo: es poner las funciones cognitivas en acción.
