INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA EN ENTORNOS REALES

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El papel del terapeuta ocupacional en entornos reales en pacientes con daño neurológico

Hace unos meses, os hablábamos en otra entrada del blog de cómo y cuándo podría estar indicado realizar rehabilitación neurológica en el domicilio y/o en el entorno de la persona.

En ese momento os hablamos de varios factores a tener en cuenta para iniciar una intervención domiciliaria o de entorno, como por ejemplo; reducir los contactos con el exterior por el COVID, imposibilidad de acudir a nuestro centro en Ferrol por problemas de movilidad o por las propias barreras arquitectónicas del entorno.

Pasos a seguir en el proceso rehabilitador

Restablecer las rutinas diarias del paciente debe ser una prioridad para el terapeuta ocupacional durante la rehabilitación de una persona que ha sufrido un ictus, pero los procesos rehabilitadores son largos, y debemos ir, paso por paso, marcando objetivos concretos.

Por norma general, aunque siempre debemos de tener en cuenta cada caso concreto, estructuraremos el proceso de intervención temporalización los objetivos  en base a la pirámide de necesidades de Maslow.

Maslow, con su teoría, defendió una jerarquía de necesidades humanas en la que los individuos, a medida que van cubriendo sus necesidades más básicas van desarrollando otras más avanzadas y escalando en la pirámide hasta llegar a la cúspide, donde estaría la satisfacción de la autorrealización de la persona que contempla aspectos más espirituales.

El proceso de rehabilitación de una persona después de haber sufrido un daño neurológico, puede relacionarse directamente con esta teoría.

En un primer momento, debemos de recuperar las áreas de ocupación  relacionadas con lo más básico  (actividades de cuidados como aseo, alimentación, etc. ) para, poco a poco, ir subiendo escalones de esa pirámide y trabajando otro tipo con una mayor complejidad como puede ser las relacionadas con el cuidado del hogar, la  movilidad en la comunidad o las gestiones financieras por ejemplo.

En muchas ocasiones creemos que el paciente está preparado física y mentalmente para realizar las actividades ya  entrenadas en entornos controlados (el centro) pero, sin embargo, por más que lo animamos a realizarlas, parece que algo que desconocemos, lo paraliza y no se produce esa generalización de la actividad en el hogar. Es en este momento en el que la intervención por parte del Terapeuta Ocupacional en el entorno es esencial.

3 Factores importantes a tener en cuenta en una intervención de entorno

  1. Evaluación del entorno: será necesario hacer un análisis exhaustivo del entorno (físico, social, cultural) donde van a transcurrir dichas actividades y ver las posibles dificultades que pueden aparecer, y si es necesario realizar alguna modificación en el propio entorno para que la actividad pueda ser llevada a cabo. Durante la evaluación/intervención es importante tener en cuenta el círculo sociofamiliar del paciente haciéndolo participe en este proceso.
  2. Exigencia física de la actividad: el terapeuta analiza la demanda física de la actividad y las destrezas motoras del paciente. Por ejemplo, puede ser que la persona sea capaz de subir y bajar escaleras pero que si lo tiene que hacer después de haber caminado un km, le cueste más por fatiga. Ese aspecto lo debemos de tener en cuenta para centrar nuestra intervención en superar ese obstáculo. Quizá con un apoyo externo como un bastón de marcha, la resistencia del paciente aumente, la fatiga aparezca más tarde y la actividad ya pueda ser realizada. O simplemente haciendo un pequeño descanso en un banco durante el recorrido sea suficiente.
  3. Exigencia cognitiva de la actividad: para la realización de cualquier actividad de vida diaria además de los aspectos físicos, será imprescindible valorar si el paciente está preparado para realizar todos los procesos cognitivos que exige la actividad. (Salir a comprar el pan, por ejemplo, lleva implícito muchas destrezas cognitivas y de comunicación; coger el ascensor, manejar el dinero, caminar por la calle atendiendo a los diferentes estímulos (coches, pasos de peatones,semáforos,etc.), ser capaz de mantener la atención para saber cuando es su turno en la tienda, o saber como pedir la barra al tendero.)

Dependiendo del daño neurológico sufrido es posible que la persona tenga dificultades en cuanto a estas destrezas de ejecución y es por ello que, aunque físicamente están preparados para la actividad, la persona se siente insegura para realizarla de forma autónoma por todas estas exigencias. El terapeuta, trabajando conjuntamente con el equipo de neuropsicología del centro, facilitarán las estrategias necesarias para que el paciente pueda subsanar estas dificultades. (Llevar una lista de la compra, si existen dificultades de memoria; poner alarmas en el móvil para ser consciente del tiempo transcurrido u otras medidas, dependiendo de la dificultad concreta.)

Por lo tanto, podemos concluir que acompañar y asesorar al paciente después de un buen análisis de la actividad en el entorno comunitario favorecerá su autonomía además de otros aspectos importantes como la confianza o la autoestima.

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