NUEVAS TECNOLOGÍAS Y SU IMPACTO EN LA CAPACIDAD ATENCIONAL

Las nuevas tecnologías se han convertido en protagonistas indiscutibles de nuestra rutina diaria. La exposición constante a estos estímulos digitales como la llegada continua de notificaciones, el uso constante de redes sociales o el acceso inmediato a grandes volúmenes de información, ha transformado nuestras interacciones sociales y la manera en la que ocupamos nuestro tiempo libre, generando un impacto en la forma en la que procesamos, seleccionamos y mantenemos la atención.

En este contexto, la atención es un recurso cognitivo muy vulnerable y demandado. La necesidad de responder de manera inmediata, la constante alternancia entre tareas y la sobrecarga de estímulos e información plantean una cuestión clave desde el punto de vista de la neuropsicología: ¿cómo afecta todo esto a nuestra atención?

Desarrollo atencional a lo largo de la vida

El desarrollo de la atención se da de forma progresiva a lo largo de la vida. Aunque en los bebés ya existe una capacidad básica para atender a determinados estímulos, esta es todavía muy limitada y dependiente del entorno. 

A lo largo de la infancia se producen avances importantes en la capacidad para mantener la atención durante más tiempo (atención sostenida) y para centrarse en la información relevante ignorando los distractores (atención selectiva). Este desarrollo está estrechamente relacionado con la maduración cerebral y con otros procesos como la memoria, la motivación o el control ejecutivo. 

Durante la adolescencia se sigue perfeccionando el control de la atención hasta alcanzar niveles similares a los de un adulto, permitiendo una regulación voluntaria de la atención y una mejor gestión de las distracciones del entorno.

Posteriormente, durante el envejecimiento, también pueden observarse cambios. Estos cambios se caracterizan por la disminución en la velocidad de procesamiento y en el mantenimiento de la atención durante un tiempo prolongado. 

Este carácter dinámico de la atención provoca que sea muy sensible a los procesos madurativos y a las influencias del entorno. 

¿Qué impacto tienen las nuevas tecnologías en nuestra atención?

El uso excesivo de las nuevas tecnologías puede influir en nuestra capacidad atencional. La sobreexposición a pantallas, la presencia continua de notificaciones, el acceso inmediato a múltiples contenidos y la tendencia a realizar varias tareas a la vez, hacen que pasemos rápidamente de un estímulo a otro, lo que puede dificultar el mantenimiento de la atención sostenida y aumentar la distractibilidad, especialmente en tareas que requieren un esfuerzo prolongado.

En la infancia, este impacto es especialmente relevante ya que el cerebro se encuentra en pleno desarrollo. Se ha observado que la exposición prolongada a pantallas puede asociarse a cambios en la corteza prefrontal, una región clave para la regulación de la atención, el control de los impulsos y la toma de decisiones. A nivel cognitivo, puede conllevar a un peor rendimiento en dirigir y mantener la atención. Por otra parte, a nivel conductual, puede aparecer un menor control inhibitorio, mayor impulsividad y problemas en la regulación emocional. Las dificultades a nivel cognitivo y conductual mencionadas, pueden repercutir negativamente en la eficiencia del aprendizaje, conllevando a un bajo rendimiento académico.

En la adultez, aunque el sistema cognitivo está más consolidado, la sobreexposición digital también se asocia a cambios relevantes en el funcionamiento atencional. Por un lado, se ha relacionado con un aumento de la fatiga mental y una mayor dificultad para mantener la concentración durante periodos prolongados. Por otro lado, se han descrito alteraciones en la memoria de trabajo, lo que puede dificultar la retención y manipulación de la información en tareas complejas. Además, la estimulación constante asociada al uso de dispositivos móviles puede influir en sistemas relacionados con la motivación, lo que puede provocar que las actividades menos inmediatas o gratificantes resulten más difíciles de mantener, favoreciendo la pérdida del interés y la distractibilidad.

Por último, es importante destacar el impacto que el uso de pantallas tiene sobre el sueño, tanto en niños como en adultos. La luz azul que emiten las pantallas, especialmente antes de dormir, puede alterar la producción de melatonina (hormona que regula los ciclos de sueño), provocando dificultades para conciliar el sueño y empeorando el descanso, asociándose con una mayor irritabilidad y con déficits en la atención sostenida.

¿Cómo establecer una buena capacidad atencional?

Para prevenir los efectos que tiene la sobreexposición digital sobre nuestra atención es fundamental regular el uso de los dispositivos electrónicos en nuestra rutina, por lo que debemos establecer límites en el tiempo de pantalla.

En la infancia, no es aconsejable el uso de pantallas previo a los 6 años. Posteriormente, a partir de los 7 años, el máximo tiempo recomendable es de una hora diaria, que puede flexibilizarse hasta dos horas durante la adolescencia.

En adultos, el rango de uso debe rondar entre dos y cuatro horas diarias, para ello, podemos recurrir a aplicaciones que ayudan a controlar el tiempo de uso de pantalla. Asimismo, también es importante optimizar el uso de pantallas, por lo que se recomienda: evitar  su uso en la hora previa al descanso y activar filtros de luz azul o el modo oscuro para reducir su impacto sobre nuestros ciclos de sueño.

Más allá de la gestión del uso de las pantallas, existen actividades que favorecen el mantenimiento y/o la mejora de la atención. Entre ellas encontramos diferentes juegos de mesa como el Doble, el Córtex, el Lince, algunos juegos tradicionales de cartas, las sopas de letras, los sudokus y la lectura, que fomentan el mantenimiento de la atención de forma prolongada.


Las nuevas tecnologías forman parte de nuestro día a día y ofrecen múltiples beneficios, pero su uso debe ser consciente y equilibrado. Cuidar nuestros hábitos digitales no sólo favorece una mejor capacidad atencional sino también un mayor bienestar cognitivo y emocional.