He superado el COVID19. Y ahora, ¿qué?

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He superado el COVID19. Y ahora, ¿qué?

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca del COVID19. A día de hoy, con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la mano, sabemos que se trata de una infección que en el 80% de los casos causa síntomas leves. Esto significa que en 2 de cada 10 personas que sufren la enfermedad ésta progresará y se manifestará de forma severa, suponiendo consecuentemente un ingreso hospitalario (de media) entre 2 y 6 semanas de duración. Además, en parte de la población la sintomatología se mantendrá en el tiempo, causando lo que se conoce ya como “Síndrome COVID Persistente”; las personas que lo presentan no pueden recobrar su estado de salud previo, incluso en el caso de adultos y niños sin factores de riesgo para la enfermedad.

Cuando has estado ingresado, tengas o no Síndrome COVID persistente, existe un riesgo alto de presentar una serie de secuelas a nivel respiratorio, fonatorio y deglutorio (o de alimentación), para los que es fundamental la valoración, asesoramiento y (en algunos casos), tratamiento de un Logopeda con experiencia y formación específica. Por ello, a continuación os mostraremos algunos ejemplos de situaciones que pueden producirse tras la infección por COVID, en las que es fundamental que consultes a un Logopeda:

1. Si te atragantas con cualquier tipo de alimento, toses inmediatamente tras beber o comer o notas (tú o tu familiar) que te cambia la voz inmediatamente después de deglutir.

Estos signos pueden ser significativos de algún tipo de disfagia, que consiste en la alteración para tragar el alimento de forma correcta (desde el momento que el alimento entra en la boca hasta que llega al estómago). En este caso, un logopeda especializado te hará una serie de preguntas al respecto y posteriormente realizará una exploración clínica para determinar si es segura y eficaz la forma en la que estás alimentándote, utilizando para ello herramientas de valoración funcional como el GUSS ( método de screening), apoyando (si te la han hecho durante o después de tu estancia hospitalaria) a la videofluoroscopia (método específico que “graba” cómo la persona maneja el alimento en boca, y todo lo que ocurre hasta que pasa al estómago a través del esófago).

La disfagia es un problema complejo y la adaptación de la dieta puede ser uno de los primeros recursos en su tratamiento. Si se ve alterada la deglución en líquidos y la recomendación es el uso de un espesante, es fundamental no utilizarlo “a ojo de buen cubero”; la textura en la que se administra el espesante, debe estar directamente relacionada con la seguridad de la deglución. De no ser así, puede existir   riesgo de atragantamiento o, lo que es peor, que no tosamos o nos atragantemos, con lo que podría llegar a aparecer (en los casos más graves) una neumonía por aspiración u otras complicaciones severas que podrían suponer incluso un riesgo para la vida de la persona.

2. Si tú o tus allegados o familiares notáis que tu voz “ya no es la de antes”.

Esto ocurre a veces porque como consecuencia de un período más o menos largo de intubación, las cuerdas vocales pueden perder fuerza o incluso haber sufrido una parálisis; a ello hay que sumar la lesión que supone sobre la mucosa laríngea el contacto mantenido con el tubo de ventilación. Como consecuencia se verá alterada la mecánica fonatoria y puede ocurrir que notes que tu voz es “más soplada” o “se te escapa la voz entre los labios”. Técnicamente se llama disfonía, y puede verse influida negativamente si ha quedado como secuela una insuficiencia respiratoria después de la fase inflamatoria aguda a nivel pulmonar. A este nivel, el logopeda puede ayudarte a mejorar los parámetros acústicos, ofreciéndote pautas y normas a integrar durante el proceso de comunicación para que tu “higiene vocal” sea la adecuada y, si es necesario favoreciendo (junto con el fisioterapeuta especializado) la reeducación del patrón respiratorio.

3. Notas dificultad para expresar lo que piensas.

Lo explicaremos un poco mejor, con un ejemplo: estás pensando en responder algo a un amigo que te ha hecho una pregunta, y en ese momento se lo intentas transmitir, pero no “encuentras las palabras”. Muchas personas que han sufrido COVID muestran posteriormente dificultades en la atención, la concentración o la comprensión o la expresión. Todos ellos son procesos complejos que implican a varias áreas cerebrales, y en esta situación es fundamental realizar una valoración diferencial conjunta por parte de un logopeda y un neuropsicólogo, para determinar que dificultades se están produciendo para que la función no se lleve a cabo de forma adecuada. A partir de ahí, se podrán establecer pautas, recomendaciones y tratamiento (si es necesario) para recuperar las funciones alteradas.

4. Si de forma asociada directa o indirectamente al COVID has sufrido un ictus( https://neuraxis.es/372105-2/ )en alguna área relacionada con el lenguaje (típicamente se habla de afectación de la arteria cerebral media izquierda), y como consecuencia tienes una afasia.

Investigaciones científicas recientes han demostrado que el COVID puede afectar a nuestro Sistema Nervioso de dos formas: produciendo hipoxia cerebral (disminución de la cantidad de oxígeno que llega al cerebro) de forma directa, o causando inflamación en las paredes de los vasos sanguíneos, favoreciendo la aparición de trombos que pueden desembocar en un ictus.

El logopeda es el profesional con conocimiento para valorar en qué medida la alteración se encuentra en la comprensión (Afasia de Wernicke, Transcortical mixta, etc.), en la expresión del lenguaje (Afasia de Broca, Transcortical motora, etc.) o en ambas (Afasia Global). En este tipo de afectaciones es fundamental la intervención precoz que incluya, además del tratamiento del paciente por parte del profesional, la adopción de pautas de manejo y recomendaciones adecuadas por parte de la familia. Porque la comunicación forma parte de nuestra vida diaria y cuando ella se altera, puede comprometer las necesidades vitales de la persona o producir un aislamiento social.

Todos estos son ejemplos de situaciones derivadas de la infección por COVID que hemos observado en nuestra práctica diaria, provocados por el daño ocasionado por el virus, en algunos casos, o por los efectos secundarios de la estancia hospitalaria (principalmente relacionados con la ventilación mecánica).

Otras afecciones neurológicas frecuentemente asociadas a la infección por COVID, y que generan pueden generar alteraciones tanto a nivel físico como a nivel comunicativo o neuropsicológico son la encefalitis, la polineuropatía del enfermo crítico, el síndrome de Guillain-Barré o las neuropatías craneales.

Es fundamental realizar una valoración inicial exhaustiva que incluya un estudio detallado de los informes hospitalarios, así como una anamnesis (“entrevista” sobre el proceso con la persona y la familia) en la que se tengan en cuenta todos y cada uno de los síntomas y signos y el tiempo durante el que se han producido. Posteriormente, la exploración clínica dirigida a las dificultades (y capacidades), las necesidades y los objetivos de la persona y su familia, determinarán si es necesario o no el tratamiento por parte del logopeda o cualquier otro miembro del equipo multidisciplinar (fisioterapeuta, neuropsicólogo, terapeuta ocupacional…), así como cuál será el “itinerario” de recuperación que ha de seguir la persona para volver a comunicarse, respirar o alimentarse de forma satisfactoria.

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