La afasia es una alteración del lenguaje que suele aparecer tras un ictus o una lesión cerebral adquirida. Puede afectar la capacidad de expresarse, comprender, leer o escribir, en mayor o menor medida según la zona cerebral afectada.
La comunicación con una persona con afasia puede resultar un reto, especialmente para familiares y cuidadores. Sin embargo, existen estrategias sencillas y eficaces que pueden facilitar el día a día, reducir la frustración y favorecer la conexión.
A continuación, os presentamos algunas de las más útiles.
Habla despacio y con frases cortas
El procesamiento del lenguaje de una persona con afasia puede ser más lento o verse interrumpido. Hablar despacio y con frases simples, permite que la persona tenga tiempo para comprender y organizar la información.
No se trata de infantilizar el habla, sino de hacerla más clara y accesible.
Por ejemplo, en lugar de: “vamos a salir un momento a dar un paseo al parque que está al final de la calle”, puedes decir: “vamos al parque. Daremos un paseo”.
Evita frases con varias ideas a la vez. Cada mensaje debe contener sólo una información principal.
Acompaña tus palabras con gestos, miradas y expresiones faciales
El lenguaje no verbal cobra un valor enorme en la afasia. Los gestos, las expresiones del rostro y el tono de voz aportan significado.
Señalar objetos, usar gestos naturales (por ejemplo, simular que comes, duermes o bebes) o mostrar una imagen puede ayudar a la comprensión.
Además, la expresión facial y la mirada comunican cercanía y respeto. La persona con afasia suele percibir perfectamente el tono emocional de la interacción, aunque no entienda todas las palabras.
Da tiempo para responder
Después de formular una pregunta o comentario, espera. A veces la persona necesita varios segundos para procesar la información y construir una respuesta. La prisa o las interrupciones pueden generar frustración o hacer que se bloquee.
Si ves que se queda pensando, mantén la mirada, asiente y espera. Ese silencio es parte de la conversación. Aprender a respetar los tiempos del otro es tan importante como hablar.
Utiliza apoyos visuales
Las imágenes, pictogramas, dibujos o palabras escritas pueden servir como andamios comunicativos. Permiten a la persona identificar conceptos y expresar lo que quiere decir. Un cuaderno de comunicación con fotografías de familiares, objetos cotidianos, comidas o lugares frecuentes puede ser muy útil.
También puedes usar el entorno: señalar una taza, una prenda o una puerta ayuda a contextualizar la conversación.
En sesiones logopédicas, los apoyos visuales son una herramienta esencial, pero también pueden trasladarse fácilmente al hogar.
Adapta tu forma de preguntar
Las preguntas abiertas como “¿qué quieres comer hoy?” pueden ser difíciles, ya que exigen una respuesta compleja. En cambio, las preguntas cerradas o con opciones facilitan la comunicación.
Por ejemplo, “¿quieres sopa o puré?, ¿prefieres ir al parque o quedarte en casa?, ¿te duele la cabeza?”.
También puedes usar gestos o tarjetas para ofrecer opciones visuales. Esto reduce la carga lingüística y aumenta la autonomía de la persona con afasia.
No finjas entender si no es así
Cuando fingimos haber entendido, la persona con afasia puede darse cuenta y sentirse frustrada o desanimada. Puede afectar directamente al vínculo emocional y a la autoestima comunicativa. Fingir lo que has entendido puede parecer una solución rápida para evitar incomodidades, pero a largo plazo genera más frustración, ansiedad y sensación de aislamiento.
Decir “no entendí” no es un fracaso, es una muestra de que quieres comprender de verdad. Usar estrategias de comprobación como repetir lo que crees que quiso decir, escribir palabras clave, dibujar objetos sencillos u ofrecer opciones visuales (“¿Es esto … o esto?”) pueden ayudar a que la comunicación sea más efectiva.
Si ves que la persona se bloquea o se frustra, puedes ofrecer un descanso. Por ejemplo, “vamos a intentarlos después, no pasa nada”.
Valora cada intento comunicativo
En la afasia, cada gesto, mirada o palabra es resultado de un enorme trabajo cognitivo y emocional. A veces, conseguir decir una sola palabra puede requerir más esfuerzo que lo que una persona sin afasia emplea para mantener una conversación entera. Por eso es fundamental validar y reconocer cada avance por pequeño que parezca.
Aunque la palabra no sea exacta o solo logre un sonido aproximado, lo importante es que está intentando comunicar algo. Cuando la persona siente que sus esfuerzos son valorados. más participa. Esto hace que mantenga más activa su red lingüística, lo que favorece el proceso de rehabilitación.
Acompañar a una persona con afasia en su proceso comunicativo es un camino que requiere paciencia y empatía. aplicar estas estrategias en el día a día transforma la comunicación en un espacio más accesible. Son pequeños gestos que, repetidos, generan grandes avances.
