En la mayoría de procesos de rehabilitación neurológica, llega un momento complejo de afrontar, tanto por parte de pacientes y familiares como por parte de los propios terapeutas, donde parece que, en este caso, la fisioterapia ya no da los mismos resultados que al inicio.
En un primer momento, es habitual avanzar y ver cambios visibles, sobre todo en aquellos usuarios con un bajo nivel de actividad física diaria, como mayor capacidad de movimiento y funcionalidad, mejor control motor o menor fatiga los cuales son pequeños logros que animan al paciente a seguir con el proceso terapéutico. Pero cuando pasa el tiempo estos avances pueden volverse más lentos o casi imperceptibles. Es en este punto cuando aparecen las preguntas, la frustración e incluso la desmotivación.
Este conflicto, nos parece un tema complejo pero interesante a abordar desde el blog de Neuraxis, porque nos parece muy importante que nuestros usuarios entiendan que no avanzar no tiene porque significar que el tratamiento haya fallado.
Avanzar vs “no avanzar”
En muchos casos, tanto familiares como pacientes e incluso algunos terapeutas relacionamos avanzar con recuperar una función motora como puede ser volver a caminar, mover de nuevo el brazo, ganar fuerza, etc. Pero por desgracia, tenemos que deciros que en neurorrehabilitación, la evolución no es siempre tan evidente a simple vista. A veces evolucionar puede significar:
- Mayor seguridad y autonomía para moverse.
- Fatigarse menos a lo largo del día.
- Dejar de necesitar o necesitar menos asistencia para realizar actividades.
- Evitar que se instauren limitaciones de movimiento, dolor u otras complicaciones.
- Mantener el máximo tiempo posible la capacidad funcional.
En resumidas cuentas, si solo nos fijamos en si aparecen grandes cambios es probable que no tengamos en cuenta estas pequeñas mejoras que son realmente muy valiosas para la funcionalidad y autonomía de cada usuario.
¿Por qué puede “no avanzar” mi familiar?
Existen múltiples escenarios por los cuales puede ser que no consigamos los objetivos pautados o cumplamos las expectativas de cada usuario, algunas de ellas son:
- El problema principal no siempre se encuentra en el movimiento: en algunos casos, el cuerpo sería capaz de moverse mejor si no existieran otros factores como el miedo a caerse, alteraciones a nivel cognitivo como falta de comprensión, atención o dificultades para planificar el movimiento, dolor, falta de motivación con el tratamiento, etc. Ante estos aspectos es fundamental trabajar de manera coordinada con otros profesionales del equipo (terapeutas ocupacionales, neuropsicólogos y logopedas) para poder conseguir abarcar las diferentes esferas del paciente.
- Objetivos que no van en concordancia con la realidad de cada usuario. Cuando existen diagnósticos o patologías cuyo curso sea degenerativo, el objetivo siempre estará ligado a cumplirlo «durante el máximo tiempo posible», puesto que no podemos revertir el propio curso de la enfermedad. También, cuando nos planteamos metas demasiado exigentes o no las basamos en la consecución de un cambio en las actividades básicas de la vida diaria del paciente es frecuente que aparezca frustración o bien falta de adherencia terapéutica. Por ello es fundamental centrarnos en los conocidos objetivos SMART de los que tanto nos gusta hablaros, es decir, han de ser específicos, medibles, alcanzables, relevantes y conseguirse en un tiempo determinado.
- El entorno en vez de ser facilitador supone una barrera: la familia y resto de entorno, la rutina diaria, el nivel de apoyo o incluso la sobreprotección pueden influir mucho en la evolución de cada usuario. A veces, sin querer, el entorno limita la autonomía que se intenta fomentar en terapia.
- El cerebro necesita que le demos diferentes estímulos: nuestro sistema nervioso se encuentra en cambio constantemente. El sistema nervioso cambia con el tiempo. Lo que funcionó al principio de una terapia puede dejar de ser suficiente o no adecuarse a las necesidades de un usuario más adelante. En esos casos, no es que la fisioterapia no sirva, sino que hay que ajustar la forma de trabajar.
Entonces… ¿qué hacer cuando la terapia parece estancarse?
- Reevaluar cada caso específico: el fisioterapeuta examina qué ha cambiado, qué sigue siendo un reto y qué capacidades están más limitadas en este momento.
- Ajustar los objetivos pautados: puede ser que, por ejemplo, el objetivo ya no sea “caminar mejor”, sino caminar con más seguridad, con menor asistencia y/o supervisión, hacerlo sin miedo o conservar lo que hemos ganado.
- Dar un cambio al planteamiento de la terapia: a veces ha de pasar por modificaciones en el planteamiento de las sesiones o el entorno en el que se hacen, entre otros.
- Comunicación efectiva terapeuta-paciente: compartir inquietudes y expectativas reduce la frustración. Cuando usuario, familia y terapeuta entienden qué está pasando, el proceso se vuelve más llevadero y realista.
- Comprender que mantenernos en un nivel funcional también es un logro: en algunos procesos neurológicos, evitar empeorar, mantener la autonomía o prevenir complicaciones es un objetivo muy importante, aunque no siempre se vea como un avance.
En resumidas cuentas, en Neuraxis entendemos que cada proceso neurológico es único.
No trabajamos solo para que haya mejoras visibles, sino para que cada persona mantenga o gane la mayor autonomía posible en su día a día, incluso cuando el camino se vuelve más lento.
Cuando la rehabilitación parece estancarse, nuestro enfoque no es abandonar, sino replantear, escuchar y ajustar: los objetivos, el ritmo y las estrategias, siempre desde una valoración individualizada y realista.
¡La rehabilitación neurológica no es una línea recta, acompañarte en cada etapa también forma parte del tratamiento!
