Anosognosia en pacientes con ictus

La anosognosia es una secuela poco conocida después de sufrir un daño cerebral, sin embargo puede condicionar enormemente el proceso de recuperación del paciente. Este trastorno consiste en la falta de consciencia de los déficits (físicos, cognitivos o a nivel conductual) que tiene la persona que ha sufrido el ictus.

Ejemplo:

La señora D. ha sufrido un ictus en su casa, como consecuencia tiene paralizado el lado izquierdo del cuerpo y ha sido ingresada unos días en el hospital. Sin embargo, no deja de insistir en que ella se encuentra perfectamente y necesita que le traigan sus cosas para poder irse a su casa, pues tiene que encargarse de preparar la comida para toda la familia. Resulta evidente que la señora D. todavía no puede hacer todo aquello que se propone, aunque ella está totalmente convencida de lo que dice.

Cuando una persona tiene anosognosia, es frecuente encontrarnos situaciones como la negación de sus limitaciones o que justifique por qué ya no realiza determinada actividad. De este modo, es frecuente encontrarnos con situaciones o reacciones similares a: “me puedo levantar sólo perfectamente, lo que pasa es que no me dejan”. En otras ocasiones, encontraremos que la persona muestra unas expectativas irreales respecto a su recuperación: “Si trabajo muy duro, en unos meses puedo volver a conducir el coche” (cuando su afectación física probablemente no le permita volver a realizar esta actividad).

Los déficits a nivel cognitivo (pérdida de memoria, atención, resolución de problemas, orientación…) o a nivel conductual (apatía, irritabilidad, desinhibición, conductas infantiles…) son más difíciles de detectar por la propia persona, ya que no resultan tan obvios y, en muchos casos, puede crear una sensación de pérdida de identidad. Es frecuente que la persona justifique sus limitaciones argumentando que la actividad propuesta está mal explicada, no la hace porque le resulta una tontería o bien, en el caso de las alteraciones de la conducta, que existen motivos por los cuales presenta un determinado comportamiento: “Me enfado porque me estás provocando”.

También es muy importante que los familiares y personas cercanas lleguen a comprender bien esta alteración, puesto que en ocasiones pueden llegar a pensar que la persona les está gastando una broma, o que se expone a ciertos riesgos a propósito (por ejemplo, no puede levantarse sólo porque tiene riesgo de caerse, sin embargo, lo hace constantemente). Uno de los objetivos del tratamiento se basa por tanto, en explicar a la familia en qué consiste esta alteración e insistir en que no se trata de una conducta intencional.

Resulta vital para el proceso de rehabilitación que la persona sea consciente de las secuelas provocadas por el ictus y de la repercusión que éstas tienen sobre las actividades cotidianas, pues para llevar a cabo el proceso de rehabilitación necesitamos plantear con el paciente unos objetivos en común con el terapeuta y que sean realistas con su situación.

Debemos tener en cuenta que la consciencia de las propias dificultades traerá consigo sentimientos de frustración, tristeza o cierta ansiedad. Por este motivo, siempre que sea posible, al mismo tiempo que vamos haciendo ver a la persona las limitaciones que presenta también aportaremos soluciones o alternativas a las mismas.

En resumen, tras un ictus pueden darse casos en los que la persona tenga una percepción de sus capacidades que no se ajusta con la realidad y es fundamental comprender que no se trata de un acto de rebeldía por parte del paciente, sino que se trata de una alteración provocada por el daño cerebral. En este caso, el objetivo principal será ayudar a los pacientes a comprender y a aceptar sus limitaciones, y a plantear los objetivos del tratamiento en base a ello.