EFECTOS POST CONFINAMIENTO EN LA POBLACIÓN CON AFECTACIONES NEUROLÓGICAS

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EFECTOS POST CONFINAMIENTO EN LA POBLACIÓN CON AFECTACIONES NEUROLÓGICAS

Se acerca el final de año y, como siempre, toca hacer balance de lo vivido. Sin duda para todos, este 2020 ha sido, cuando menos, un año peculiar. Y lo ha sido, por un factor determinante en nuestras vidas: la expansión mundial del virus Sars Cov 2, más conocido como Coronavirus o Covid 19. A finales del primer trimestre, y como consecuencia de dicha expansión (y a la falta de medidas de protección individual y colectiva ante dicha amenaza), todos nos vimos obligados a recluirnos en casa durante un período de casi 2 meses. Y durante ese tiempo, la mayor parte de nosotros vimos reducida nuestra actividad física, mental y social en mayor o menor medida. También nuestros pacientes.

Tras la vuelta a la nueva normalidad, los profesionales que nos dedicamos a la neurorrehabilitación hemos observado cómo muchos de nuestros pacientes, adultos y niños, retoman sus procesos de recuperación o aprendizaje de nuevo a lo largo del verano o con la vuelta al cole. Y es entonces cuando hemos presenciado las consecuencias que esta disminución drástica de la actividad ha tenido sobre las personas que tienen una afectación neurológica.

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A continuación os describimos algunas de las situaciones de las que hemos podido ser partícipes, a través de las vivencias y la experiencia manifestada por ellos:

Muchos de nuestros pacientes son, además, personas especialmente vulnerables ante el Coronavirus, puesto que entre los meses de marzo y mayo se mantuvieron en sus domicilios, saliendo de ellos solo en casos de extrema necesidad, y reduciendo en gran medida su nivel de actividad física. Con el paso de los días, esta tendencia a la inmovilidad genera cambios a nivel funcional y estructural en los tejidos, observando una disminución en la movilidad libre y una pérdida de capacidad en las actividades de la vida diaria, especialmente en relación a la movilidad en exteriores.

Además, el hecho de mantenerse en casa hace que la comunicación y el procesamiento de funciones ejecutivas, por ejemplo, también se vea muy limitado. Pongamos el ejemplo de María, una mujer de 48 años que había sufrido un ictus hace 9 meses. Con ayuda de su terapeuta ocupacional, María había vuelto a tener una rutina diaria que implicaba (antes del confinamiento) levantarse y ducharse, hacerse el desayuno, arreglarse y salir a comprar el pan y tomar el café con una amiga a una cafetería que se encuentra a 500 metros de su casa. En el momento que se inician las restricciones María deja de salir de casa durante esos dos meses. En la “vuelta a la normalidad”, y debido a que había disminuido su nivel de actividad fuera de casa de forma drástica, tiene que volver a entrenar de forma intensiva durante semanas para retomar el nivel físico previo; a todo esto, debemos sumar que ir a comprar el pan implica planificar (qué voy a hacer y cómo lo voy a hacer), secuenciar (en qué orden hago las cosas desde que me levanto hasta que vuelvo a casa) , tomar decisiones (por qué calles voy y vuelvo, qué hago cuando alguien se cruza conmigo…), resolver problemas (cuánto pago y cuánto me tienen que devolver…) y también comunicarse en distintos registros en función de a quién me dirijo, por ejemplo.

Otras personas, especialmente aquellos con enfermedades neurodegenerativas, tales como el Parkinson, Esclerosis Múltiple o Alzheimer, han sido víctimas también de esta disminución drástica de actividad, observando en muchos casos (ellos o sus familiares), cómo su situación funcional empeoraba sin que hubiera pasado un lapso de tiempo tan grande. La evolución de la enfermedad seguramente era la misma, pero sus manifestaciones clínicas aumentaban y, con ello, su situación funcional empeoraba considerablemente. Y esto se debe a que el Sistema Nervioso presenta una gran capacidad neuroplástica ante un daño.

Pero, a cambio, para que el sistema pueda tener esta capacidad, debe estar “entrenado”; cuando lo sometemos a actividad que nos motive y suponga un reto, el cerebro y todo el sistema nervioso tienen la capacidad de “buscar alternativas” para reorganizarse y poder dar una respuesta a las situaciones que se plantean. Si durante meses disminuimos ese entrenamiento (tanto físico, como mental o a nivel comunicativo) por falta de actividad, también estaremos reduciendo las posibilidades de respuesta, aspecto que es especialmente relevante en las afecciones neurológicas progresivas.

En los niños, el confinamiento supuso un cambio en las rutinas o en muchos casos, una pérdida de ellas. Este aspecto es especialmente relevante en los casos de niños con TEA (trastornos del espectro autista), puesto que, si para todos nosotros la incertidumbre genera un cierto grado de ansiedad que dificulta nuestras respuestas en el día a día, en su caso todavía más. Así, en muchos casos se puede observar un retroceso en conductas sociales adquiridas con anterioridad.

Estos son sólo algunos ejemplos de situaciones que muchos de nuestros pacientes y sus familias han vivido durante este tiempo de “vuelta a la nueva normalidad”.

Será en ese momento fundamental la unión de todos, pacientes, familias, asociaciones, colegios sanitarios, etc. para velar por su salud. Y esto se trasladará en la práctica con la necesidad de concienciar de que, extremando las medidas de seguridad e higiene tal y como la situación requiere, todos seamos conscientes de que estas personas necesitan mantenerse todo lo activas que les sea posible.

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